jueves, 26 de marzo de 2009

Capítulo XXVI: Yo casi no vi a Haruki Murakami

En la vida a veces ocurren cosas extrañas y bastante maravillosas, cosas que nos hacen pensar que se puede vivir en plan "¡Jo, qué noche!" todos los días del año. Pero a la mañana siguiente el despertador no suena, llegamos tarde al trabajo y por la tarde tenemos hora en el dentista para que nos extirpen las cuatro muelas del juicio, y nos da por pensar que todo fue un sueño.

Tal y como yo lo veo, el espíritu "¡Jo, qué noche!" circula libremente por el mundo, y cada persona se topa con él muchas veces a lo largo de su vida. La cuestión es saber subirse al tranvía cuando pasa, porque, eso sí, el espíritu "¡Jo, qué noche!", tiene más vocación de autobús que de taxi.

Mi historia empieza así:

Volvía yo a casa en metro el otro día, cuando me topé con Marcos Ordóñez, con quien forjé una estrecha relación en mi último año de universidad sobre una adaptación de Donald Westlake que resultó en un proceso tan difícil que el pobre se quedó sin un pelo en la cabeza. "Me voy a una conferencia de Haruki Murakami", me dice él, tan risueño. "¿En la Jaume Fuster*?", digo yo, sin tener ni idea, para hacerme la interesante. "¡Sí, sí!", dice él. "¡No lo sabía, voy contigo!", digo yo.

Ya saliendo del metro, una señora que llevaba un abrigo azul la mar de bonito saludó a Marcos Ordóñez, y, yo aún no lo sabía, pero esa señora era nada más y nada menos que Assumpta Bailac, la gerente de la red de bibliotecas de Catalunya, algo que en este blog significa que está sentada a la derecha del padre, y que el padre es una criatura de muchas cabezas, y una cabeza es Cervantes, y la otra es Shakespeare, y la otra es Homero, y creo que ya os hacéis a la idea. Total, que los tres salimos de la estación de metro y nos encontramos en la plaza Lesseps, y vimos la entrada de la Biblioteca Jaume Fuster. Excepto que no vimos la entrada, porque estaba completamente oculta por LA COLA.

LA COLA era una serpiente humana de dimensiones gigantescas en la que debía de haber, no sé, varios millones de personas, por lo menos. Y todas, todas estaban ahí para ver a Haruki Murakami.

Cuando Marcos Ordóñez vio LA COLA, dijo "¡Huy, mira qué COLA! Yo paso."

Pero entonces Assumpta Bailac puso cara de conspiradora, y dijo: "Llámame al móvil cuando lleguéis a la biblioteca, y os siento en algún sitio."

Yo estaba muy callada y con los ojos muy abiertos, porque no quería perder detalle de aquel maravilloso ejemplo de tráfico de influencias en la mafia bibliotecaria**.

Total, que Assumpta Bailac se dirigió valientemente a la jungla de LA COLA, y Marcos Ordóñez me llevó a su casa, me presentó a su señora y a su gata, me dio un vaso de agua y me regaló tres de sus libros, titulados "Puerto Ángel", "Detrás del hielo" y "Tarzán en Acapulco", respectivamente, y que todo el mundo debería comprar.

Cuando por fin nos encaminamos hacia la biblioteca, pasamos de largo sin inmutarnos junto a LA COLA, y, una vez dentro, llamamos a nuestro contacto. Assumpta Bailac se llevó a Marcos Ordóñez y señora, y regresó a por mí a cabo de pocos segundos, haciéndome una seña conspiratoria para que la siguiera.

Pero el poder de la jefaza bibliotecaria no bastó para hacerme un sitio. Se ve que la bromita de Haruki Murakami se les había escapado de las manos. No sólo habían acudido el cónsul de Japón, sorpresivamente acompañado por toda su familia, y el regidor de cultura del ayuntamiento de la ciudad, no, como ya he dicho, en LA COLA, había MILLONES de personas. TODA LA CIUDAD, y parte del extrarradio, habían venido a ver a Haruki Murakami. Por lo que oí, además, Haruki Murakami es, o patológicamente tímido, o un poco especialito, y no quería más que doscientas personas en el auditorio en el que iba a dar la charla. Pero nuestro alegre talante mediterráneo coló a doscientas setenta en la sala, porque mi casa es tu casa y donde caben veinte decenas también caben veintisiete.

Pero Assumpta Bailac no se sienta a la derecha del padre por nada, y, haciéndome otra seña conspiradora, me llevó junto a dos chicas llamadas Anna que pertenecían a la organización del evento, y sin que se le cayera un solo anillo, les dice "Ésta es la hija de Marcos Ordóñez. Sus padres están dentro. A ver si podéis sentarla por aquí.

Y fue así, como gracias a una mentirijilla de Assumpta Bailac y a la amabilidad de dos chicas llamadas Anna y, para que negarlo, a mi talento camaleónico para hacerme pasar por la hija de quien sea, vi a Haruki Murakami sentada en las escaleras del palco del auditorio de la Biblioteca Jaume Fuster.

Haruki Murakami resultó la mar de interesante, y su interlocutora, Isabel Coixet, estuvo bastante graciosa, con un inglés macarrónico y cándido plagado de sorprendentes manierismos americanos***. Resulta que a Haruki Murakami le gusta mucho Scott Fitzgerald, la novela negra americana, "Los Hermanos Karamazov" y "Perdidos", y prefería hablar de ellos antes que de sus propias novelas (a las que se refería con perlas tan lacónicas como "Yo sólo quería escribir una historia sobre un pájaro" a propósito de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", o "Empecé a escribir, y luego acabé", cuando se le preguntó por el proceso de escribir una de sus novelas).

En resumen, es una buena noticia que se hagan colas kilométricas para venir a ver a Haruki Murakami como si fuera David Bisbal firmando copias (legales, faltaría más) de su nuevo cedés.

Sobre todo, si yo no tengo que hacer esa cola****.


* La Biblioteca Jaume Fuster probablemente sea la ídem más nueva y más chachimolongui del área metropolitana de Barcelona y, como tal, es la sede impepinable de las conferencias más chachimolonguis. ¿Viene Salman Rushdie a Barcelona? ¡A la Jaume Fuster! ¿Hanif Kureishi? ¡A la Jaume Fuster! ¿El próximo concierto de Bruce Springsteen? ¡A la Jaume Fuster!

** Sus matones emplean métodos de tortura que harían temblar a la CIA. Su preferido es obligar a sus víctimas a cortarse repetidamente con las páginas de un libro.

*** También estaba allí el honorable director de la revista "Qué leer", cuyo nombre no recuerdo y seguro que es una gran persona, pero en el marco de esta conferencia, el nombre que más le pegaba era "el becario".

**** ¡Muajuajua!

viernes, 20 de marzo de 2009

Aquellos polvos traen estos lodos

POR FAVOR, que alguien le diga al señor Rafael Poch que cometió un error de manual en su artículo de "La Vanguardia" de la semana pasada sobre la matanza de Winnenden:

Tim K., el niño tranquilo y amable que disparó a quince compañeros y se suicidó después participaba en foros de internet bajo el pseudónimo de "JawsPredator_1".

Según el señor Poch, es nombre viene a significar "Las mandíbulas del depredador".

Deducimos que el señor Poch ni tiene hijos adolescentes ni iba al cine cuando era joven.

No acabo de comprender qué significa esta metida de pata, pero me pondré a temblar en prevención de que se descubra que este chico jugaba al rol.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Capítulo XXV: Y si mi abuela tuviera ruedas, sería un autobús y todos iríamos de paseo montados en ella*

*¡Referencia! Novela icónica de literatura infantil/juvenil. Adivinadla y os ganaréis el privilegio de poder mirar a la gente con aires de superioridad. Hasta que os deis cuenta de lo infravalorada que está la literatura infantil/juvenil, y vendréis a verme para que os tienda un pañuelo de papel.

En los núbiles inicios de este blog, cuando se actualizaba regularmente, publiqué una entrada sobre Stephenie Meyer y sus obscenamente mediocres polémicos libros sobre vampiros diamantinos y las mujeres que les amaron. Hace muchos meses de esa entrada, y la gente sigue dejando comentarios, convirtiéndolo en el post más popular de "La ejecución del autor ha sido cancelada", con la friolera de catorce quince dieciséis aportaciones (sí, este post llevaba mucho tiempo como borrador).

Las opiniones están divididas. Hay quien me da las gracias encarecidamente por cantarle las cuarenta a la señora Meyer y sus ínfulas pubescentes. Hay quien defiende el libro, bajo el muy comprensible paraguas del "pues a mí me gustó". En esta categoría, un argumento surge una y otra vez: "Pues hay libros peores, y nadie se mete con ellos".

Parémonos a analizar esta afirmación categórica. ¿Hay libros peores que "Crepúsculo" y allegados? Desde luego (el número de series literarias para jóvenes de la calaña de Crepúsculo es pasmoso, pero de eso ya hablaremos otro día, cuando mis monos voladores atrapen a Francine Pascal y R.L. Stine, que han salido corriendo en cuanto me han oído acercarse...). ¿Nadie se mete con ellos? ¡Mentira! Lo que mis inflamados lectores quieren decir aquí es que no se organizan campañas de "Don't burn it, return it" (a Stephenie Meyer le sentó fatal que hordas de fans descontentos con la última entrega de la saga, "Amanecer", se lanzaron en masa a quemar el libro antes que devolverlo a la tienda; hay autores que no entienden el glamur de ser cruelmente incomprendidos) para ellos, que no hay números ridículos de foros, blogs y otros recursos cibernéticos para que la gente se junte y se dé a comportamientos del tipo "O sea, cómo me mola "Crepúsculo", tía, Edward es tan buah, o sea, tía, ¿sabes?" a "Este libro me ha gustado mucho porque es del grueso perfecto para nivelar la mesa camilla de la abuela", pasando por "¡Pero qué aaaaaaaasco!".

En resumen, es mentira que nadie se meta con los libros peores. Estoy segura de que algún grupo de postadolescentes emancipadas habrá organizado una quema de la colección de "Las gemelas de Sweet Valley" que tenían cariñosamente atesoradas. Estoy segura de que habrá un foro de púberes comidos por el acné que nunca sucumbieron a las portadas fosforecentes de "Un día en Horrorlandia" o "Sangre de monstruo" (para lo poco que me gustaron los libros, tengo que admitir que tenía que ponerlos boca abajo porque lo de la portada fosforecente me daba mucho repelús) que se dedicarán a destripar la serie con ojo clínico.

Pero de lo que no podemos hablar es de un fenómeno tan masivo e histérico como el de "Crepúsculo". Sea porque va dirigido principalmente a mujeres con aparentes trastornos hormonales, un colectivo a todas luces problemático, sea porque la autora es señora y mormona (y aquí tengo que romper una lanza en contra de la poca objetividad en la prensa. ¿O es que cada vez que se habla de Orson Scott Card, los medios empiezan con "El autor mormón..."?), sea porque los vampiros vuelven a estar de moda, o sea porque, ¡todo es posible! millones de fans NO podían equivocarse, y millones de detractores SÍ, y las novelas son, en realidad, ¡excelvillosas! El caso es que esta saga literaria ha sido, como se suele decir, un bombazo. ¿Por qué? Nadie sabe por qué pasan estas cosas. ¿Por qué se hicieron tan famosos los Beatles? Por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, por tener algo que enganchó a millones de personas que hace que, aún hoy, se lancen a comprar las nuevas versiones que Paul McCartney, cuya presencia como el último Beatle vivo empieza a parecerse a "La herencia de tía Agatha", se saca de la patilla con regularidad, o cada vez que quiere renovar los baños de Can McCartney.

Y que conste que no estoy comparando a Stephenie Meyer con los Beatles, Dios me libre. Los Beatles no son mediocres, a mí me gustan, George Harrison era mi favorito, Yoko Ono, ¿musa o lagarta?, y, por favor, por favor, que Stephenie Meyer no lea esto y se le ocurra montar una banda de glam rock.

Otro argumento frecuentemente escuchado en los comentarios dejados en ese primer post sobre "Crepúsculo" es "Pues si no te gusta, no pierdas el tiempo leyéndolo", o variantes que me acusan de insultar a los pobres lectores desamparados que sí han disfrutado con el libro. Dos puntualizaciones:

  • Para mí, el argumento "Pues a mí me gusta" es perfectamente válido. Más que válido, sagrado. Más, si viene acompañado de la conciencia de que lo que nos gusta no siempre es lo mejor ni lo más saludable. Hay gente que disfruta con la coprofagia. Hay gente a quien le gusta Esperanza Aguirre. ¿Se mete "La ejecución del autor" con esa gente? Pues eso.
  • Siendo una servidora de ustedes de naturaleza inquisitiva, es lo más normal que quisiera ponerme al día con este fenómeno, sobretodo si venía dirigido a gente como yo, jovencitas necesitadas de mojo masculino. ¿Que luego me leí toda la serie? Por supuesto. La teoría de que Stephenie Meyer esparció polvos de crack sobre las páginas de todos los ejemplares lo explica todo. ¿Que disfruté de la serie? Como una loca. Desde la página uno, es tan difícil tomarse las novelas en serio que uno acaba autoconvenciéndose de que se encuentra ante una finísima parodia, ante un delicado ejercicio de alta comedia. De lo contrario, se arriesga a caer en el abismo de la muerte cerebral. Aún así, ¿están mal escritas esas novelas, gozan de una mediocridad narrativa que asusta? ¡OH, SÍ!

A todos los que protestan, contra mis duras, injustas e injustificadas palabras, les digo: si tanta pupa os hacen, y os lo digo con todo el cariño del mundo, dejad comentarios en un blog que se titule "Stephenie Meyer es la más mejor del mundo mundial" y no os hagáis mala sangre. Aunque a mí me da que os divierte mucho convertiros en paladines de Bella bellísima Swan y Edward el de los dientes largos Cullen, así que, pensándolo mejor, ¡no os marchéis! Quedaos aquí y hacedme sonreír con vuestros adorables y furibundos comentarios llenos de faltas de ortografía.

No cierro este post sin decir que el mundo le debe mucho a la saga "Crepúsculo", entre otras cosas, la generación de algunas de las parodias más hilarantes que ha visto la historia de la literatura. Os dejo aquí unos cuantos links a mis favoritas. Desafortunadamente, están todas en inglés, así que si alguien tiene recomendaciones para parodias en castellano, serán más que bienvenidas.

* Cleolinda Jones, se vio enfrentada al fenómeno "Crepúsculo" de sopetón y, muy bienintencionadamente, empezó discutiendo, de forma muy razonada, el éxito de los libros en este fabuloso artículo.
... luego leyó el resto de novelas, y la cosa degeneró en una hilarante renarración de los libros dos, tres y cuatro, y la primera mitad de "Midnight Sun" (sí, la que Stephenie Meyer se vio obligada a postear en su página web porque una persona muy, muy mala en la que Stephenie depositó su cándida conciencia colgó un manuscrito ilegalmente en internet), además de componer una wiki sobre el fenómeno.

* Shinga renarra el primer libro. No llega al final, porque la autora llegó a un punto en que ya no se veía con fuerzas para seguir leyendo.

* "The-Editing-Room" versiona el guión de la película.

sábado, 21 de febrero de 2009

Nunca digas "de ese agua no beberé y ese cura no es mi padre"

¿Nunca os ha pasado, cuando os falta poco para terminar un libro, que veis por accidente la última página, y os da por pensar "no puede ser que esta novela acabe con el mismo papel y las mismas letras con que ha comenzado"? ¿Nunca habéis pensado que los libros deberían acabar con algo más que palabras?

Imagen de iZgo


Filacterias:

del catalán, lletraferit/-ida (adj.): Literalmente, "herido por las letras". Dícese, según el GDLC, de aquella persona amante de cultivar las letras. Es decir, tenemos el veneno del teatro y ahora la... ¿puñalada de la literatura?

lunes, 16 de febrero de 2009

Capítulo XXIV: La avaricia rompe el saco, y Ebenezer Scrooge sólo pasa en Navidad

Señoras, señores, la sociedad española vive bajo la amenaza de una criatura voraz y peripatética que se oculta en casi todo lo que tocamos, vemos u oímos. Un monstruo que tiene muchas caras, caras muy bonitas que conocemos muy bien que nos miran con pena y nos dicen "No me robes" (*insertar vocecita lastimera*). Pero no "No me robes el pan para dar de comer a mis hijos", estamos hablando de un "No me robes la grifería de oro de mis diecisiete cuartos de baño", de un "No me robes las tres semanas de vacaciones en el Caribe, posado-robado en el ¡Hola! incluida", de un "No me robes no pagando veinticinco euros por mi nuevo cedés, que, total, son mis grandes éxitos más tres canciones inéditas que no salieron en los otros cedeses porque son malas de narices".

Por si resulta que aún no nos hemos tomado el primer café, o es que yo me explico fatal, estoy hablando de la SGAE, Sociedad General de Autores y Editores, Siempre Ganamos Algunos Eurillos, Somos Gente Altamente Enojosa. Los que nos cobran dinero por los cedeses en los que grabaste las fotos de las vacaciones, por la cámara de vídeo que llevaste a la comunión de tu sobrino, por el lápiz de memoria en el que guardas los trabajos de la universidad... No se te fuera a ocurrir grabarle el disco recopilatorio de "¡Fama! (A bailar)" a mi amigo Josemi, o llevarte la cámara al estreno de la última de Brad Pitt, sí, se ve que dura tres horas y Brad Pitt sale tó viejo, ¿lo sabías?, o pasarle los capítulos atrasados de "Escenas de Matrimonio" a la vecina que trabaja por las noches. Noooooo, ¿yo? Vamos, venga. ¿Emule? ¿Eso qué es? ¿Que te emule el qué?

Líbranos de nuestros pecadillos. Quien presuma de tener un itunes lleno sólo de música legal, que tire la primera piedra. En el país de Lazarillo de Tormes, no tenemos nada asumido que descargarse música ilegalmente es eso, ilegal, y gracias a las benditas lagunas legales concernientes a la tecnología P2P (peer-to-peer, nada que ver con Sony) nos permiten seguir viviendo en la inopia, mientras en Estados Unidos, adolescentes que ya tenían bastantes problemas con el acné y la preocupación de si sus relaciones sexuales irían algún día más allá del monitor de un ordenador se enfrentan a juicios sumarios porque se bajaron alguna canción de Barry White para hacerse los románticos con la capitana del equipo de animadoras que, como todos sabemos, no se acercaría al pobre adolescente granujiento ni con un palo de cinco metros.

Pero no dejéis que me despiste, aquí no se riñe a nadie ni voy a ponerme a clamar por la indecencia del precio de una bobina de cedés vírgenes.

El motivo de este post es hacerme eco de un rumor que me ha llegado por varias vías. El rumor dice así: Los Señores Gorrones Artistas del Estulto se proponen imponer un cánon a las bibliotecas, obligándolas a pagar 20 céntimos de euro por cada libro prestado.









Después de estos breves momentos para digerir este despropósito, permítanme una reacción visceral.



¿¡QUÉ!?



La SGAE justifica este canon aduciendo que los autores se ven perjudicados por la acción de las bibliotecas, que todos sabemos que son unos antros de perversión, frecuentados únicamente por seres de la peor calaña y más baja estofa moral. Y mi piel se ve perjudicada por no bañarla en leche de burra todas las mañanas, pero, ¿voy por eso a imponer un canon a la Central Lechera Asturiana? Pues esto es exactamente lo mismo.

Bueno, tanto como exactamente, exactamente, admito que no. Pero un poco sí. "Not close, but close enough", que dirían los ingleses.

Corríjanme si me equivoco, pero el hecho de que las bibliotecas tengan que pagar por ejercitar su razón de ser, a parte de convertirlas en algo parecido a vídeoclubes, ¿no es redundante? Las bibliotecas ya pagan un impuesto, a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, la O no sé dónde queda), y que la SGAE quiera arañar unos ingresos es cosa ridícula y vergonzante.

"¡Hay que pensar en los pobres autores!", se alzan voces compungidas. Sí, y en los que pasan hambre, y en los enfermos de cáncer, y en los refugiados de guerra también. Si un autor escribe un libro porque quiere que las bibliotecas tengan que pagar cada vez que lo presten, ese libro no merece ser escrito. Ya hablé en otra ocasión del vicio de escribir, y lo dije antes y lo digo ahora: Quererse ganar la vida como reputado novelista es muy bonito, pero la literatura no es para alimentar la tripa, sino el alma, y quien no tenga eso claro, que estudie para unas oposiciones, que le saldrá muy rentable y hasta le dejará tiempo para escribir.

Llámenme idealista, pero éste es un punto en el que no voy a ceder. Las bibliotecas son un lugar sagrado, y convertirlas en un antro de pecado capitalista es feísimo. Y ya hemos sido testigos de suficientes visiones mercantilistas de la literatura (Stephen King, Jordi Sierra y Fabra, ¿adónde os creéis que vais? y no digo nombres) como para convertirlo en la norma. Si tenéis que trabajar sirviendo menús de crisis a ocho euros en el Bar Ril y escribir en una Remington cubierta de grasilla que tenéis escondida debajo de la barra para teclear un par de palabras entre cortado y cortado (tiene que haber alguien en este país de realismo mágico que todavía lo haga), pues lo hacéis. Le dará mucho más jugo a la biografía que os escriban en la solapa de la chaqueta de vuestro primer libro, adónde vas a parar.


viernes, 5 de diciembre de 2008

Capítulo XXIII: Pude prometer y prometí...

Pues sí. Prometí una entrada prostituida en toda regla sobre Stephenie Meyer y sus vampiros resplendecientes, y aquí la tienen. Ojo, pero, aunque soy muy consciente de que este tema es el que da de comer a este blog (es decir, que las entradas sobre "Crepúsculo" y asociados son las únicas que han generado comentarios por parte de gente a quien no he amenazado coaccionado amablemente para que venga a leer), no quiero perder la oportunidad de hacer un poco de importantísima y necesaria (y obligatoria a leer) crítica social.

Si a eso le añadimos que hoy se estrena la película en España, y que, por lo que he oído, supera fácilmente al libro, y se convirtió, en el fin de semana de su estreno en Estados Unidos, en la película dirigida por una mujer más taquillera de la historia (setenta millones de dólares en dos días, por delante de Daniel Craig y su cara de granito en "Quantum of Solace", y eso que estamos en crisis. ¡Viva Catherine Hardwicke!), pues el homenaje es doble. O triple, no sé. Ponedle una guinda, y un poco de nata.

Sí, todos sabemos que estos libros son malos, malos con ganas. Y quien no lo sepa, o tiene trece años o aún le queda mucho por leer. Lo que les hace malos es lo poco que costaría que fueran extraordinarios. Tenemos a dos personajes disfuncionales, la hija de un hogar fracasado que no sabe establecer relaciones normales con nadie (le hace de madre a su madre, de ama de llaves a su padre, y es una especie de asocial arrogante en el instituto) y un vampiro de ciento ocho años maníaco depresivo y virgen (a los ciento ocho años, repito). Señores y señoras, esto da para escribir las nuevas "Amistades Peligrosas (ahora también con colmillos)." ¡Pero no! La señora Meyer se conforma con abocarse a una mediocridad prosaica de trama tardía y casi inexistente (hecho documentado). ¿Lo peor? El mensaje. Estos libros se han vendido como "la mayor historia de amor jamás contada". Bueno, claro que es una gran historia de amor imposible. Todas las historias de amor entre criaturas de diferente orden biológico lo son (si ahora dejamos que se casen entre ellos, ¡luego no podremos impedir que la gente se case con su perro!), pero, recapacitemos un poco, ¿de qué amor estamos hablando?

Al cabo de dos o tres semanas de conocerle, aproximadamente (estadísticas minuciosas sobre "Crepúsculo", aquí), Bella Swan le está suplicando a Edward Cullen que la vampirice para pasar la eternidad a su lado. Sí, vale, todos sabemos lo que es el amor adolescente (y las hormonas), cuando estás completamente seguro de que va a durar para siempre jamás de l infinito y más allá, ¿quién le haría ascos a la idea del amor eterno? Pero, sin entrar en cuestiones de fobia al compromiso, ¿a nadie se le disparan las alarmas? "Sí, vale, qué bonito es enamorarse del tío bueno del curso, campos de flores, gatitos con lazos, tralará, ¿PERO DE VERDAD QUIERO QUE MIS HIJAS SE SUBLIMEN DE ESTA FORMA A UN HOMBRE Y QUIERAN DEJARLO TODO POR EL PRIMER AMOR? Pues parece que las Twimoms sí (sí, hay madres y mujeres que ya no son adolescentes que compran el mensaje de estos libros. ¡Corred, insensatos!).

Bella es un personaje sin sueños ni aspiraciones que no giren alrededor de Edward. Casi hay que amenazarla para que vaya a la universidad, no piensa en qué quiere ser cuando sea mayor, ni siquiera se preocupa en organizar su tiempo libre cuando no está con Edward porque CADA MINUTO QUE NO PASA CON ÉL ES UN MINUTO DESPERDICIADO, OMG, y tiene prisa por convertirse en vampiro porque NO QUIERE SER MAYOR QUE EDWARD, TODOS SABEMOS QUE PARECER MAYOR QUE TU NOVIO ES HORRORIBLE Y TERROROSO, Y PASAR DE LOS VEINTE ES ENTRAR EN LA DECREPITUD TOTAL, O SEA. Estaremos de acuerdo que es superinteresante, a nivel literario, que el modus vivendi MTV se infiltre en la literatura juvenil. Pero eso ya lo hizo Anthony Burgess, y si no queremos exponer a nuestros tiernos retoños a "La Naranja Mecánica", tampoco deberíamos someterles a esto.

Perdonad el abuso de mayúsculas, es que la cuestión, como véis, me solivianta. Ejem, me calmo. Soy zen, soy zen...



Dice Stephenie Meyer en sus propias palabras que, visto que todos los héroes románticos tienen defectos, ella quiso crear con Edward el galán perfecto. Si yo fuera el abogado de Stephenie Meyer, mi único argumento para defender este disparate sería que lo que mi clienta quería decir era "disfuncionalmente perfecto". A ver, es sobrenaturalmente guapo, y eso está muy bien, para qué negar que a todas nos gusta alegrarnos la vista. Pero, ¿es Edward Cullen una buena pareja? Según este artículo, no sólo no lo es, sino que encaja dentro del perfil de maltratador. Comentémoslo:

* Muy dependiente: ¿Hola? A los tres días de conocer a Bella, Edward se cuela en su cuarto para verla dormir. Eso, a demás de dependiente, es de acosador y muy, muy creepy. Suena bonito y romántico, PERO NO LO ES. Edward es dependiente hasta el punto de no tener una vida propia, ni dejar que Bella la tenga, porque ¿para qué quieren más cuando pueden estar juntos, mirándose a los ojos y discutiendo quién es más bello? Parece romántico, PERO NO LO ES.

* Confiado y altivo: Edward Cullen es un Adonis y lo sabe. Lo hace todo bien, y lo sabe. Es condescendiente y paternalista. Y no necesito decir más.

* Sentimientos contradictorios: Quiero amarte para toda la eternidad y también quiero chuparte la sangre hasta dejarte seca. Quiero que te quedes, pero también quiero que te marches. Todo esto parecen signos de un personaje profundo con un gran conflicto interior. No os dejéis engañar.

* Celoso: "NO, Bella, no puedes ir a ver a Jacob Black, porque está enamorado de ti, y tú un poquito de él también, no lo niegues, mujer de moral distraída, así que le arrancaré los cables a tu coche para que no puedas salir de casa, y si eso no funciona te secuestraré, pero tú creerás que lo hago para protegerte porque te quiero tanto y no quiero que te pase nada."

* Muchas carencias escondidas: Robert Pattinson, Edward en la película, lo define muy bien en uns declaraciones a la revista Empire, en lo que probablemente sea la visión más acertada de un personaje por parte del actor que lo interpreta que se ha visto en mucho tiempo. No le darán un oscar por este papel, pero tiene más razón que un bendito:
"When you read the book," says Pattinson, looking appropriately pallid and interesting even without makeup, "it's like, 'Edward Cullen was so beautiful I creamed myself.' I mean, every line is like that. He's the most ridiculous person who's so amazing at everything. I think a lot of actors tried to play that aspect. I just couldn't do that. And the more I read the script, the more I hated this guy, so that's how I played him, as a manic-depressive who hates himself. Plus, he's a 108-year-old virgin so he's obviously got some issues there."

Mujeres del mundo, amémonos a nosotras mismas, y admiremos el pecho marmóreo e incandescente de Edward Cullen desde donde debe ser admirado: desde el otro lado de la valla de seguridad de la cubierta del libro.

martes, 25 de noviembre de 2008

A buen entendedor, pocas palabras bastan

Hace unos días llegó a mis oídos la iniciativa lingüística más noble, archifantástica y maravillosa de la que he oído hablar en mucho tiempo.

Se trata de añadir al Diccionario de la Real Academia Española la palabra "kincón". Como el agudo ojo del lector deducirá, el vocablo procede del nombre propio "King Kong", propio del gorila del mismo nombre, se entiende, que secuestraba a señoritas ligeras de ropa desde Fay Wray hasta Naomi Watts porque el Ammor nos lleva a hacer cosas desesperadas, como subirse al Chrysler Building y espantar cazas.

Si esto no es Ammor, que baje Petrarca y lo vea!

"Kincón", según sus promotores, significa "prendado de un amor imposible". ¿Cuándo fue la última vez que una palabra de nuestra lengua capturó tanto significado en tan pocas letras y con tanta poesía cinematográfica?

Desde "La ejecución del autor ha sido cancelada", insistimos en la importancia y necesidad de sumarse a esta causa. Apostemos hordas de partidarios del kincón en la puerta de Ana María Matute. Infiltremos agentes en las sesiones plenarias de la RAE (¿existe tal cosa?), con pancartas y megáfonos. Tuneemos todas las ediciones del DRAE que encontremos, añadiendo la palabra "kincón" con tinta indeleble y buena letra.

Unidos, todos podremos decir, pronto, "Estoy kincón".

¡Colabora con la causa!