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viernes, 18 de septiembre de 2009

¡Yo untaré!

Me acabo de enterar (el resto del mundo, al parecer, ya lo sabía; desde que la mula se puso enferma, las noticias llegan tarde a "La ejecución del autor ha sido cancelada"), por los estimables Comic Book Queers, el podcast sobre cómic que más tiempo emplea en hablar de mallas o con qué superhéroe se acostaría uno, que Frank Darabont (La milla verde, Cadena perpetua) dirigirá una adaptación televisiva de The Walking dead, serie escrita por Robert Kirkman y dibujada primero por Tony Moore, y luego por Charlie Adlard. ¡Ya tardáis en escribir a Cuatroº para que compre los derechos!



Filacterias

del DRAE, zombi.

(Voz, de or. africano occid.).

1. m. Persona que se supone muerta y que ha sido reanimada por arte de brujería, con el fin de dominar su voluntad.

2. adj. Atontado, que se comporta como un autómata.

jueves, 2 de abril de 2009

Capítulo XXVII: Zack Snyder ama el cómic, Frank Miller ama a Frank Miller, y Alan Moore es un señor muy peludo


Es un hecho que las adaptaciones de cómic postmoderno están resultando más rentables que el juego de cuchillos jamoneros que regalan con el periódico. Esto es así porque de estas adaptaciones surgen películas que atraen a los cines a perfiles muy distintos de espectador, a saber:

a) Fans hardcore del cómic que esperan la película tanto o más que su primera relación sexual.

b) Fans hardcore del cómic que esperan la película tanto o más que su primera relación sexual para ponerla a caldo y sentirse muy indignados y con mucha superioridad moral para decir que Alan Moore es DIOS, Hollywood está lleno de profanos filisteos y la película nunca, NUNCA supera al libro.

c) Modernillos y gafapastas que no han leído el cómic pero saben que está de moda y es bastante alternativo y, por lo tanto, les interesa. Muy probablemente, acabarán diciendo que la película nunca, NUNCA supera al libro.

d) Adolescentes que no han leído el cómic, ni ganas, y que van a ver "Watchmen" esperando otro "300", y se van a quedar a cuadros.

e) Gente que se dejó las gafas en casa y se equivoca de sala en el cine. ¡Pasa más a menudo de lo que crees!


A lo mejor resulte un poco lerdo triangular "3oo" con "The Spirit" y con "Watchmen", pero parece evidente que las tres pertenecen a un mismo movimiento, al que titularé ahora mismo con un título digno de todos esos intelectualillos que han llenado miles de posts en sus miles de blogs comparando los atributos del Dr. Manhattan del cómic con los de Billy Crudup.

Y en "La ejecución del autor ha sido cancelada", no seremos menos.
Si esto fuera una película de Paco Martínez Soria, y Billy Crudup una moza
de buen ver, el pie de foto diría "¡La Virgen, qué domingas!"



Lo llamaré EL ONANISMO DE LA VIÑETA EN LA PANTALLA CINEMATOGRÁFICA.

¿Cómo se te queda el cuerpo, Fernandito?

Empecemos por el principio: Cuando Zack Snyder dirigió "300", el chaval de quince años que llevaba dentro y había alucinado en colores (y, probablemente, también se habría excitado más de lo que las hormonas heterosexuales permiten admitir al ver los cuerpos ebúrneos de los espartanos) con el cómic y sentía reverencia divina por Frank DIVINO Miller, así que hizo la película que Frank DIVINO Miller vio en su cómic. Y cuando Frank DIVINO Miller vio lo bien que quedaba su cómic en la gran pantalla, se dijo "¡Pues si resulta que yo ya sé dirigir y no lo sabía!".

Así que Frank DIVINO Miller, con esa cara de desayunar limones que tiene, cogió lo que había aprendido trabajando con Robert Rodríguez, y se dijo, ¿me adapto a mí mismo otra vez? NOOOO. Veamos, ¿quién anda por aquí que sea más DIVINO que yo?

Freud lo hubiera pasado bomba analizando la relación entre Frank Miller y Will Eisner. Will Eisner era feliz en su papel de sabio y benévolo maestro, pero Frank DIVINO Miller creo yo que no estaba muy contento con ser el Pequeño Saltamontes. Tal vez le gusten los saltamontes, pero es evidente que, de pequeño, nada. Frank Miller quería ser el GRAN Saltamontes. El ENORME Saltamontes. El GIGANTESCO HASTA PROPORCIONES ALIENÍGENAS Saltamontes.

Así que adaptó "The Spirit". Adaptó aquí es una palabra que, precisamente, se adapta perfectamente a la situación. Mi teoría, y por favor corregidme si me equivoco es que Frank Miller estaba celoso de Will Eisner. Celoso de su papel como padre del cómic moderno, de la novela gráfica que le da de comer. Celoso de su obra. Seguro que Frank Miller en el fondo está convencido de que, si él hubiera nacido antes, el padre de la novela gráfica ahora desde luego no se llamaría Will Eisner.

"The Spirit" es, pues, el Evangelio según San Miller. Y no es que eso sea malo. De hecho, resulta refrescante ver una revisión tan independiente de un clásico. SI NO FUERA PORQUE ESA VISIÓN ES, ESENCIALMENTE, SIN CITY, TOMA DOS TAZAS. Mis momentos preferidos de toda la película fueron aquellos en que Frank Miller no podía girar la espalda a sus ancestros y honraba al padre haciendo honor al original. Si sonreísteis al ver la primera pelea entre Gabriel Macht y Samuel L. Jackson, ya sabéis de lo que estoy hablando.

¿Lo que peor me supo? Los títulos de crédito finales. Cuando empezaron, pensé: "Ay, qué bonito, Frank Miller homenajea a Will Eisner poniendo dibujos originales". ¡Angelico! Frank Miller se homenajea a sí mismo, relegando a Will Eisner a la letra pequeña de los créditos. Eso, señores, es TRISTE. Cría cuervos, Will, colega...

¿Y "Watchmen"? "Watchmen" es una buena adaptación. Zack Snyder sí es un Pequeño Saltamontes satisfecho en su papel, y deja en la película lo que tiene que dejar, quita lo que tiene que quitar, le pone un traje a Espectro de Seda Jr. que hará babear a las categorías a), b), y d) que mencionábamos al principio, y sonreír a los fetichistas del látex de verdad, no rebaja la intelectualidad de la película y valientemente acata el NC-17 que cae automáticamente por mostrar ¡genitales! en la pantalla, porque los ciudadanos de América, al parecer, viven felizmente a salvo de esa monstruosa criatura a la que la biología llama "pene" (aquí tocaría poner una aguda broma sobre tópicos raciales y Barack Obama) y, en general, es como la Navidad, pero sin turrón el Almendro ni color rojo.

Y Alan Moore, todos lo sabemos, se queja por vicio.

sábado, 25 de octubre de 2008

Capítulo XXII: Me confieso épatada

Cómo se notan las rémoras del verano. Éste es el problema de éste país. Dos meses paralizados, ¿y luego se espera que volvamos viento en popa y a toda vela a la productividad de antaño? Total, que no hay ningún motivo por el que no haya actualizado en tantas semanas, más que la pura pachorra. Podría ser un poco más narrativa, y decir que me rompí las dos manos, o que me quedé temporalmente ciega, o amnésica, o que el FBI me prohibió el acceso a internet. Pero no. El verano me dejó demasiado vaga para semejantes fabulaciones.

Iba a volver por la puerta grande, prostituyéndome con otra entrada sobre Stephenie Meyer, porque las entradas que he escrito sobre "Crepúsculo" y mi subsecuentes embolias y úlceras estomacales son las que me han valido más comentarios. Y prometo que habrá tal entrada, sobre todo, teniendo en cuenta que el cinco de diciembre se estrena la película en España OMG y todavía no tengo a nadie que me acompañe. ¿Quién se apunta?, yo pongo las palomitas. Pero hoy he recibido una inoculación contra la mediocridad, y os voy a hablar del doctor que me la ha administrado.

Edmond Baudoin es un señor con cara de caricatura. Los dientes salidos, los ojillos ratoneros. Es pequeñín y flacucho, lleva un peinado horroroso y diría que la última vez que se fijó en la ropa que llevaba puesta, Marlon Brando aún estaba flaco.

Edmond Baudoin es también uno de los autores de cómic francófonos más conocidos y respetados hoy en día. Ha venido a Barcelona dentro del marco del festival Kosmopolis, que este año lleva el lema de "La juerga fiesta de la literatura", como si de repente todos fuéramos a ligar más por llevar un cubata en una mano y "La metamorfosis" de Kafka en la otra (lo digo porque como es cortito, pesa poco y es más fácil de llevar. Si soys muy de ir al gimnasio, igual os atrevéis con todos los tomos de "En busca del tiempo perdido", allá vosotros). El tema de su conferencia era "Cómic, música y literatura". Moderaba Pepe Gálvez, y por allí también estaba Juanjo Sarto, a quien me encuentro por todas partes y creo que, de tanto verme sin saber quién soy, le debo parecer una especie de niña fantasma de los cómics la mar de inquietante.

Total, que Baudoin es un señor un poco payaso. Se lo ha pasado pipa haciendo caras y moviendo las manos y siendo una especie de Marcel Marceau cruzado con Roberto Benigni, aunque hablando, y en francés. Él no ha venido a hablar de su libro, lo ha dicho al principio, y, de hecho, a "Piero" le ha dedicado no más que cinco o diez minutos, y lo mismo con "Le voyage" (aunque se ha marcado un par de bromas a propósito de los japoneses, que son quienes le encargaron el libro. Qué mala leche tienen estos franceses, hay que ver).

Lo que venía a decirnos es que el dibujo, cualquier proceso creativo por extensión, es una cuestión de Presencia, Tensión y Oposición. La oposición es uno de los motivos por los que prefiere el blanco y el negro en sus dibujos. No por cuestión de tópicos y el yin y el yang y qué sé yo, sino por motivos de pura física. El blanco refleja toda la luz, y el negro la absorbe. ¿Cómo se te queda el cuerpo, Fernandito?

¿Dónde entra la música en todo esto? El señor Baudoin explica que la línea, el trazo, tiene un ritmo, un sonido. Ha procedido a dibujar (con tinta china y pinceles de diversos grosores, más auténtico no se puede) una cara en el atril que tenía montado. Y ENTONCES NOS HA CANTADO EL DIBUJO.

Digamos... digamos que era éste dibujo:

Lo que ha pasado más o menos ha sido lo siguiente. El señor Baudoin ha cogido aire y ha dicho: "Brooooom, ¡fiu! ¡fiu!, plin, plin, plin, plin, plin, plin. ¡Splosh! Zuuuut", y así hasta cantar todo el dibujo que, para suerte suya, era bastante más sencillo que el que os he puesto yo. Era como para empezar a sacarle planchas de Milton Caniff o Hugo Pratt para que las cantara también. La línea modulada nunca me había parecido tan llena de posibilidades.

Luego ha dibujado otra cara, pero no le ha puesto pelo. Y entonces ha dicho: "Ahora le pondré pelo". Os juro que si llega a decir "Ahora empezará a llover dentro de esta habitación", yo le hubiera creído. Ha cogido un pincel mucho más gordo que el que había utilizado para dibujar la cara, y ha dicho: "Esto no es pelo, ¡es música!", y le ha puesto pelo a la cara. De verdad, ¿cómo se te queda el cuerpo, Fernandito? Y también ha dicho: "Esto es oposición. Y la vida sale de la oposición". Y: "La presencia significa cambiar de música."

Y luego también ha dicho que el primer plano es el lugar de las emociones (que es una cosa que a mí me enseñaron en la universidad), y que hoy en día, la televisión, internet y los teléfonos móviles son terreno de la emoción, y John Ford estaría bastante furiosito si viviera hoy en día.

Y luego también ha dicho que mirar al horizonte viene a ser como mirarse la nuca a uno mismo, por aquello de que la Tierra es redonda. ¿Aún estás ahí, Fernandito?

Total, que mañana va a hacer una performance con Carol Vanni. Y, por Tutatis, que allí estaré. Necesito otra dosis de magia.

domingo, 1 de junio de 2008

Capítulo XV: Pues a mí Craig Thompson no me parece ñoño

Craig Thompson es un ejemplo perfecto de la toma progresiva de autoconciencia del autor:

Tomemos su primera obra larga (no contaremos sus portadas para la revista de Nickelodeon, ni sus historietas cortas, porque no me cuadran no son relevantes), "Adiós, Chunky Rice". Se trata de una fábula. El autor se transforma a sí mismo y a su novia en una tortuga y una ratona, bien para proteger la identidad de los implicados, bien porque la caricaturización de los hechos los hace más llevaderos (el motor de las dos primeras obras de Thompson es el mismo acontecimiento traumático, aunque desde ópticas distintas). Una fábula, como os digo. Aunque sin moraleja (o, si la había, yo no me enteré).

Todo esto quedaría mucho mejor demostrado si "Chunky Rice"
fuera un anagrama de "Craig Thompson"

Luego tenemos "Blankets", en adelante, LA OBRA. Lo que tiene de especial "Blankets", además del hecho que tiene seiscientas páginas, y es superlacrimógena y a mí me afectó un montón es que el protagonista ya no se llama Chunky Rice, sino Craig (Thompson) y es un adolescente que lleva el pelo largo y se siente oprimido en el ambiente ultracristiano en el que vive y no se masturba. Hasta que se enamora. Ohohoho. Dandel se convierte en Raina, y el idilio florece con alegría y luego se marchita, pero la vida continúa y lo que te parece lo más peor del mundo cuando tienes diecisiete años al final resulta que, mira por donde, tiene arreglo. O algún día deja de doler.

A mí "Blankets" me gustó. Horrores. Me gustó tanto, de hecho, que he llegado a considerar que si algun día me hiciera un tatuaje, entre las cinco primeras opciones estaría uno de los iconos del libro. Uno de esos copos de nieve que no parecen copos de nieve, por ejemplo. El otro día vi una imagen de alguien que se había tatuado a Craig y Raina abrazados en la pierna. En grande. Precioso, pero no me va el rollo figurativo.

Tal que así.

La cosa es que, aunque la vertiente autobiográfica en "Blankets" es ya prácticamente imposible de obviar (en "Chunky Rice" es que ya lo pone en la solapa), se sigue percibiendo una especie de pudor, una voluntad de enmascarar las cosas para proteger a los demás, o protegerse a sí mismo. Su hermano, que en realidad se llama Jon, es Phil en el libro, y quién sabe si Raina se llamará Raina en realidad. La cosa es que es evidente que Craig Thompson tiene una vena de sobreexplotación del pathos que le da vergüenza que llege a rozar el patetismo, cosa que, muchas veces, está a puntísimo de suceder.

Este proceso de sinceración con la autobiografía llega a su máximo esplendor en "Carnet de voyage". Entre otras cosas, porque es un diario, y anda que no quedaría feo mentir en un diario. Aquí enmascarar la narración no tiene sentido, porque no hay más narración que la del viaje y el descubrimiento. Pero lo que resulta interesantes es que el autor, al verse, creo, despojado del artificio de la ficción tras el que esconderse, da rienda suelta a su propio sentimentalismo, y no tiene miedo de dibujarse a sí mismo como un personajillo llorica y patético a quien la vida le viene grande. "Raina" aparece telefónicamente en la novela, pero sólo sirve para reiterar lo que ya sabíamos: Craig Thompson es un poco quejica. Como todos. A veces tengo la impresión de que es por eso que a mucha gente le produce rechazo Craig Thompson y le acusan de ser un sensiblón: a nadie le gusta verse reconocido en pleno aranque de patetismo angsty adolescente.

Esta vena tan dolorosamente autoconsciente del autor, que había estado muy apropósitamente soterrada en sus anteriores trabajos resulta una faceta muy interesante, y la cristalización de todo lo que se apuntaba en "Chunky Rice" y "Blankets". También puede resultar significativo el salto de la ficción al documental: los personajes semificticios mantienen un semblante de dignidad, pero cuando el autor se convierte, a través del cómic verité, en su propia marioneta, viva el esperpento.

Y por eso tengo muchas ganas de leer "Habibi", que, según parece, se publicará en el 2009. Considero cerrada lo que los estudiosos de Craig Thompson, si los hubiere (y si no, gustosa me ofrezco a ocupar el puesto), podrían llamar "La trilogía del ego". Y siento mucha curiosidad por averiguar cómo el autor se habrá enfrentado a una historia no basada en los hechos reales de su vida...

En conclusión: A mí Craig Thompson no me parece ñoño, sino muy, muy humano. Y muy mono. Tan mono que, de hecho, en esa libretita en la que escribo mi nombre, seguido de "señora de" para todos los posibles señores de mí, posibles e imposibles, que pudiera haber en este mundo, hay una página dedicada a él.

Os invito encarecidamente a visitar su blog. No descubre la sopa de ajo, pero cuelga bastantes dibujos originales y fotografías (de cuando tenía diecisiete años, por ejemplo, y queda más claro que nunca que el Craig the "Blankets" es él, real como la vida misma, porque ese pelo tan horroroso no podía más que ganar al ser dibujado).

Ñoño o no, no me negaréis que sus dibujos,
bonitos
(¡del tó!) lo son un rato .
Y con los colores que le ha puesto
Danny M. Valdez, aún más.

martes, 22 de abril de 2008

Capítulo VII: Te voy a preparar todas las tostadas del mundo para que nunca dejes de quererme


A la grupi gritona que llevo dentro se le aflojaron las rodillas con la maravillosa dedicatoria que me hizo en mi ejemplar de "El circo del desaliento". Si es que sólo le había dicho "Buenas tardes", y ya éramos como amigos de toda la vida. Así de carismática soy yo, y así de majo es él. David Rubín, cásate conmigo, cómo te admiro.

Lo cierto es que el trazo y la narrativa de David Rubín este autor gallego (qué difícil es sacudirse de encima los preceptos de clase de redacción) son innegablemente poderosos. Uno dirá: "Oh, es que abusa del dramatismo en la línea y en las historias", y Uno tendrá razón, hasta cierto punto. Pero hay formas y formas de abusar de los recursos artísticos. Uno, que es un poco pesado, podría decir que Mark Rothko "abusaba" del rojo, o que Luis de Góngora "abusaba" de los adjetivos, o que Orson Welles "abusaba" del chuletón, pero a Nadie (otro de mis fantásticos amigos recurrentes) se le ocurriría decir que ese abuso es en estos casos, malo de ningún modo (quién sabe dónde hubiera acabado Orson Welles sin sus chuletones). Pues es lo mismo. Todo este dramatismo sirve para que "A donde nadie puede llegar", la historia que abre "El circo del desaliento", sea una de las narraciones más desgarradoras que he leído en mucho tiempo. De buen rollo, pero este cómic tendría que venir con una advertencia como las de los paquetes de tabaco. "Atención: Este tebeo contiene tanto drama que puede causar tristeza total". Pero, ¿y lo bien que sientan a veces estas historias? Mucho más elevado, intelectual y espiritualmente hablando, que el culebrón de las cinco.

En dos palabras: "Funambulista gráfico".

viernes, 18 de abril de 2008

Capítulo VI: Zombiosis, por osmosis y por cojones




Éste fin de semana el Salón del Cómic de Barcelona ha sucedido (¿ha tenido lugar? ¿se ha perpetrado? ¿ha pasado?), y como éste blog va de libros y, en general, de most things readable, pues voy a hablar de algunas de mis adquisiciones/revisiones.

Y voy a empezar con "Zombiosis", la puesta de largo de Guillem Bayarri y A. L. Llassans (no se llama así de verdad, es un anagrama de su nombre y apellidos). Puede que este estreno me hubiera pasado por alto, de no ser porque conozco a Bayarri y Llassans y a su obra desde hace años. Es más, somos buenos amigos. Es más, Llassans y yo estuvimos a punto de casarnos, pero una desavenencia insalvable sobre la vajilla en la lista de bodas nos hizo ver que lo nuestro no tenía futuro. Es más, los agradecimientos de "Zombiosis" están dedicados a mí. A mí. A MÍ.

La aparición de "Zombiosis" es motivo de regocijo, y, al parecer, no sólo para sus autores. El País les ha dedicado una reseña en la que salen junto a Harry Potter (!) y califican el cómic como "lo más hilarante que se ha visto en España en muchos años" (o algo así; el adjetivo "hilarante" aparece seguro en la frase). Pero ni los autores ni una servidora consideramos que ésta sea una obra que merezca el calificativo de "hilarante". Dice Llassans que si "El País" dice que Zombiosis es hilarante, uno se calla y dice que bueno, vale, que es hilarante, y punto. Pero a mí no me da la gana callarme. Conozco la obra de Bayarri y Llassans desde que empezaron a trabajar juntos; les he seguido desde que eran industriosos fanzineros sin oficio ni beneficio; de hecho, se podría decir que yo soy a Bayarri y Llassans lo que Benoît Peeters es a Hergé (¡ja!). Y ésta no es una obra cómica. Cuando Bayarri y Llassans quieren dar risa, la dan, o, por lo menos, son obvios en su voluntad humorística. Me atrevería a decir que "Zombiosis" es, hasta la fecha, su obra más seria. A alguien puede hacerle gracia ver cómo atizan a un cura zombificado con un bastón-recuerdo de Benasque, pero no es de eso que vive este cómic.

Podría decir muchas más cosas, sobre la obra y sobre y a los autores (chicos, de verdad, ¿¿Ermengol??), pero quiero esperar un poco. De momento es una obra muy nueva y con pocas posibilidades de hacerse un hueco, pero tiene potencial, aunque la gente, a veces, no sé dé cuenta (ayer, en su sesión de firmas en el stand de Glénat, Bayarri y Llassans vieron, impotentes, cómo, en lugar de "Zombiosis", la gente les pedía que les firmaran los facsímiles de "Esther y su mundo" que podían cogerse gratuitamente de la mesa, hasta el punto que Purita Campos se soliviantó y todo). Tiempo al tiempo...

Tenéis "La República de las Viñetas", el blog de los autores, lincada a mano izquierda, pero lo pongo también aquí por si las moscas.

P.D.: El encabezamiento del post afirma que éste se publicó el viernes, 18 de abril, pero es mentira. Acabo de comprobar que es lunes, 21. Dos días para Sant Jordi. ¡Ayayay!

domingo, 13 de abril de 2008

Capítulo III: La Conjura de los necios está ocurriendo cerca de tu casa


Tengo tendencia a desconfiar de los títulos de las novelas. Unas veces, porque los entiendo de forma literal, y otras, por todo lo contrario. Cuando oí hablar de "La mujer del viajero en el tiempo", lo primero que pensé fue que se trataría de un manifiesto femintegrista sobre una mujer que se siente sola porque su marido pasa mucho tiempo trabajando. Luego resulta que es verdad que trata sobre la esposa de un señor que viaja en el tiempo, qué cosas. Con "La conjura de los necios" me pasó lo contrario. La primera vez que leí el título, me quedé convencida de que se trataba de una sátira política sobre los imbéciles que dominan el mundo. WRONG!

"La conjura de los necios" es un libro que seguro que leyó Paco Alcázar, el autor de la tira "Silvio José, el buen parásito", que aparece en "El Jueves", la revista de humor que sale los miércoles, todas las semanas en sus kioscos, damas y caballeros. Es de cajón que Ignatius J. Reilly es el padre de Silvio José Pereda, aunque el protagonista de la novela de Toole tiene unas aspiraciones más académicas que los videojuegos y las salchichas Chisparritas, aunque yo creo que si el bueno de John Kennedy Toole siguiera vivo (el pobre se suicidó, ¿saben?), "La conjura de los necios: El remake", se parecería mucho más a las aventuras de Silvio José que a la versión white trash del Quijote que es ahora. En cualquier caso, si ésta parte de la literatura fuera dada al fanfiction, ya habría crossovers en el que el pairing principal sería la señora Reilly y el señor Pereda (¡si es que están hechos el uno para el otro!), o, para las mentes más perversas, polimórficas y masturbadas, algún slash encontraríamos por ahí de Ignatius y Sil... me callo, que acabo de merendar.


Esposible que, en algún lugar del mundo, alguien esté pensando en escribir slash de esta pareja
EN ESTE MISMO MOMENTO



P.D: Yo que me creía tan lista por mi brillante descubrimiento de una oscura referencia literaria, ¡y resulta que hasta la Wikipedia lo había visto!