sábado, 21 de febrero de 2009

Nunca digas "de ese agua no beberé y ese cura no es mi padre"

¿Nunca os ha pasado, cuando os falta poco para terminar un libro, que veis por accidente la última página, y os da por pensar "no puede ser que esta novela acabe con el mismo papel y las mismas letras con que ha comenzado"? ¿Nunca habéis pensado que los libros deberían acabar con algo más que palabras?

Imagen de iZgo


Filacterias:

del catalán, lletraferit/-ida (adj.): Literalmente, "herido por las letras". Dícese, según el GDLC, de aquella persona amante de cultivar las letras. Es decir, tenemos el veneno del teatro y ahora la... ¿puñalada de la literatura?

lunes, 16 de febrero de 2009

Capítulo XXIV: La avaricia rompe el saco, y Ebenezer Scrooge sólo pasa en Navidad

Señoras, señores, la sociedad española vive bajo la amenaza de una criatura voraz y peripatética que se oculta en casi todo lo que tocamos, vemos u oímos. Un monstruo que tiene muchas caras, caras muy bonitas que conocemos muy bien que nos miran con pena y nos dicen "No me robes" (*insertar vocecita lastimera*). Pero no "No me robes el pan para dar de comer a mis hijos", estamos hablando de un "No me robes la grifería de oro de mis diecisiete cuartos de baño", de un "No me robes las tres semanas de vacaciones en el Caribe, posado-robado en el ¡Hola! incluida", de un "No me robes no pagando veinticinco euros por mi nuevo cedés, que, total, son mis grandes éxitos más tres canciones inéditas que no salieron en los otros cedeses porque son malas de narices".

Por si resulta que aún no nos hemos tomado el primer café, o es que yo me explico fatal, estoy hablando de la SGAE, Sociedad General de Autores y Editores, Siempre Ganamos Algunos Eurillos, Somos Gente Altamente Enojosa. Los que nos cobran dinero por los cedeses en los que grabaste las fotos de las vacaciones, por la cámara de vídeo que llevaste a la comunión de tu sobrino, por el lápiz de memoria en el que guardas los trabajos de la universidad... No se te fuera a ocurrir grabarle el disco recopilatorio de "¡Fama! (A bailar)" a mi amigo Josemi, o llevarte la cámara al estreno de la última de Brad Pitt, sí, se ve que dura tres horas y Brad Pitt sale tó viejo, ¿lo sabías?, o pasarle los capítulos atrasados de "Escenas de Matrimonio" a la vecina que trabaja por las noches. Noooooo, ¿yo? Vamos, venga. ¿Emule? ¿Eso qué es? ¿Que te emule el qué?

Líbranos de nuestros pecadillos. Quien presuma de tener un itunes lleno sólo de música legal, que tire la primera piedra. En el país de Lazarillo de Tormes, no tenemos nada asumido que descargarse música ilegalmente es eso, ilegal, y gracias a las benditas lagunas legales concernientes a la tecnología P2P (peer-to-peer, nada que ver con Sony) nos permiten seguir viviendo en la inopia, mientras en Estados Unidos, adolescentes que ya tenían bastantes problemas con el acné y la preocupación de si sus relaciones sexuales irían algún día más allá del monitor de un ordenador se enfrentan a juicios sumarios porque se bajaron alguna canción de Barry White para hacerse los románticos con la capitana del equipo de animadoras que, como todos sabemos, no se acercaría al pobre adolescente granujiento ni con un palo de cinco metros.

Pero no dejéis que me despiste, aquí no se riñe a nadie ni voy a ponerme a clamar por la indecencia del precio de una bobina de cedés vírgenes.

El motivo de este post es hacerme eco de un rumor que me ha llegado por varias vías. El rumor dice así: Los Señores Gorrones Artistas del Estulto se proponen imponer un cánon a las bibliotecas, obligándolas a pagar 20 céntimos de euro por cada libro prestado.









Después de estos breves momentos para digerir este despropósito, permítanme una reacción visceral.



¿¡QUÉ!?



La SGAE justifica este canon aduciendo que los autores se ven perjudicados por la acción de las bibliotecas, que todos sabemos que son unos antros de perversión, frecuentados únicamente por seres de la peor calaña y más baja estofa moral. Y mi piel se ve perjudicada por no bañarla en leche de burra todas las mañanas, pero, ¿voy por eso a imponer un canon a la Central Lechera Asturiana? Pues esto es exactamente lo mismo.

Bueno, tanto como exactamente, exactamente, admito que no. Pero un poco sí. "Not close, but close enough", que dirían los ingleses.

Corríjanme si me equivoco, pero el hecho de que las bibliotecas tengan que pagar por ejercitar su razón de ser, a parte de convertirlas en algo parecido a vídeoclubes, ¿no es redundante? Las bibliotecas ya pagan un impuesto, a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, la O no sé dónde queda), y que la SGAE quiera arañar unos ingresos es cosa ridícula y vergonzante.

"¡Hay que pensar en los pobres autores!", se alzan voces compungidas. Sí, y en los que pasan hambre, y en los enfermos de cáncer, y en los refugiados de guerra también. Si un autor escribe un libro porque quiere que las bibliotecas tengan que pagar cada vez que lo presten, ese libro no merece ser escrito. Ya hablé en otra ocasión del vicio de escribir, y lo dije antes y lo digo ahora: Quererse ganar la vida como reputado novelista es muy bonito, pero la literatura no es para alimentar la tripa, sino el alma, y quien no tenga eso claro, que estudie para unas oposiciones, que le saldrá muy rentable y hasta le dejará tiempo para escribir.

Llámenme idealista, pero éste es un punto en el que no voy a ceder. Las bibliotecas son un lugar sagrado, y convertirlas en un antro de pecado capitalista es feísimo. Y ya hemos sido testigos de suficientes visiones mercantilistas de la literatura (Stephen King, Jordi Sierra y Fabra, ¿adónde os creéis que vais? y no digo nombres) como para convertirlo en la norma. Si tenéis que trabajar sirviendo menús de crisis a ocho euros en el Bar Ril y escribir en una Remington cubierta de grasilla que tenéis escondida debajo de la barra para teclear un par de palabras entre cortado y cortado (tiene que haber alguien en este país de realismo mágico que todavía lo haga), pues lo hacéis. Le dará mucho más jugo a la biografía que os escriban en la solapa de la chaqueta de vuestro primer libro, adónde vas a parar.


viernes, 5 de diciembre de 2008

Capítulo XXIII: Pude prometer y prometí...

Pues sí. Prometí una entrada prostituida en toda regla sobre Stephenie Meyer y sus vampiros resplendecientes, y aquí la tienen. Ojo, pero, aunque soy muy consciente de que este tema es el que da de comer a este blog (es decir, que las entradas sobre "Crepúsculo" y asociados son las únicas que han generado comentarios por parte de gente a quien no he amenazado coaccionado amablemente para que venga a leer), no quiero perder la oportunidad de hacer un poco de importantísima y necesaria (y obligatoria a leer) crítica social.

Si a eso le añadimos que hoy se estrena la película en España, y que, por lo que he oído, supera fácilmente al libro, y se convirtió, en el fin de semana de su estreno en Estados Unidos, en la película dirigida por una mujer más taquillera de la historia (setenta millones de dólares en dos días, por delante de Daniel Craig y su cara de granito en "Quantum of Solace", y eso que estamos en crisis. ¡Viva Catherine Hardwicke!), pues el homenaje es doble. O triple, no sé. Ponedle una guinda, y un poco de nata.

Sí, todos sabemos que estos libros son malos, malos con ganas. Y quien no lo sepa, o tiene trece años o aún le queda mucho por leer. Lo que les hace malos es lo poco que costaría que fueran extraordinarios. Tenemos a dos personajes disfuncionales, la hija de un hogar fracasado que no sabe establecer relaciones normales con nadie (le hace de madre a su madre, de ama de llaves a su padre, y es una especie de asocial arrogante en el instituto) y un vampiro de ciento ocho años maníaco depresivo y virgen (a los ciento ocho años, repito). Señores y señoras, esto da para escribir las nuevas "Amistades Peligrosas (ahora también con colmillos)." ¡Pero no! La señora Meyer se conforma con abocarse a una mediocridad prosaica de trama tardía y casi inexistente (hecho documentado). ¿Lo peor? El mensaje. Estos libros se han vendido como "la mayor historia de amor jamás contada". Bueno, claro que es una gran historia de amor imposible. Todas las historias de amor entre criaturas de diferente orden biológico lo son (si ahora dejamos que se casen entre ellos, ¡luego no podremos impedir que la gente se case con su perro!), pero, recapacitemos un poco, ¿de qué amor estamos hablando?

Al cabo de dos o tres semanas de conocerle, aproximadamente (estadísticas minuciosas sobre "Crepúsculo", aquí), Bella Swan le está suplicando a Edward Cullen que la vampirice para pasar la eternidad a su lado. Sí, vale, todos sabemos lo que es el amor adolescente (y las hormonas), cuando estás completamente seguro de que va a durar para siempre jamás de l infinito y más allá, ¿quién le haría ascos a la idea del amor eterno? Pero, sin entrar en cuestiones de fobia al compromiso, ¿a nadie se le disparan las alarmas? "Sí, vale, qué bonito es enamorarse del tío bueno del curso, campos de flores, gatitos con lazos, tralará, ¿PERO DE VERDAD QUIERO QUE MIS HIJAS SE SUBLIMEN DE ESTA FORMA A UN HOMBRE Y QUIERAN DEJARLO TODO POR EL PRIMER AMOR? Pues parece que las Twimoms sí (sí, hay madres y mujeres que ya no son adolescentes que compran el mensaje de estos libros. ¡Corred, insensatos!).

Bella es un personaje sin sueños ni aspiraciones que no giren alrededor de Edward. Casi hay que amenazarla para que vaya a la universidad, no piensa en qué quiere ser cuando sea mayor, ni siquiera se preocupa en organizar su tiempo libre cuando no está con Edward porque CADA MINUTO QUE NO PASA CON ÉL ES UN MINUTO DESPERDICIADO, OMG, y tiene prisa por convertirse en vampiro porque NO QUIERE SER MAYOR QUE EDWARD, TODOS SABEMOS QUE PARECER MAYOR QUE TU NOVIO ES HORRORIBLE Y TERROROSO, Y PASAR DE LOS VEINTE ES ENTRAR EN LA DECREPITUD TOTAL, O SEA. Estaremos de acuerdo que es superinteresante, a nivel literario, que el modus vivendi MTV se infiltre en la literatura juvenil. Pero eso ya lo hizo Anthony Burgess, y si no queremos exponer a nuestros tiernos retoños a "La Naranja Mecánica", tampoco deberíamos someterles a esto.

Perdonad el abuso de mayúsculas, es que la cuestión, como véis, me solivianta. Ejem, me calmo. Soy zen, soy zen...



Dice Stephenie Meyer en sus propias palabras que, visto que todos los héroes románticos tienen defectos, ella quiso crear con Edward el galán perfecto. Si yo fuera el abogado de Stephenie Meyer, mi único argumento para defender este disparate sería que lo que mi clienta quería decir era "disfuncionalmente perfecto". A ver, es sobrenaturalmente guapo, y eso está muy bien, para qué negar que a todas nos gusta alegrarnos la vista. Pero, ¿es Edward Cullen una buena pareja? Según este artículo, no sólo no lo es, sino que encaja dentro del perfil de maltratador. Comentémoslo:

* Muy dependiente: ¿Hola? A los tres días de conocer a Bella, Edward se cuela en su cuarto para verla dormir. Eso, a demás de dependiente, es de acosador y muy, muy creepy. Suena bonito y romántico, PERO NO LO ES. Edward es dependiente hasta el punto de no tener una vida propia, ni dejar que Bella la tenga, porque ¿para qué quieren más cuando pueden estar juntos, mirándose a los ojos y discutiendo quién es más bello? Parece romántico, PERO NO LO ES.

* Confiado y altivo: Edward Cullen es un Adonis y lo sabe. Lo hace todo bien, y lo sabe. Es condescendiente y paternalista. Y no necesito decir más.

* Sentimientos contradictorios: Quiero amarte para toda la eternidad y también quiero chuparte la sangre hasta dejarte seca. Quiero que te quedes, pero también quiero que te marches. Todo esto parecen signos de un personaje profundo con un gran conflicto interior. No os dejéis engañar.

* Celoso: "NO, Bella, no puedes ir a ver a Jacob Black, porque está enamorado de ti, y tú un poquito de él también, no lo niegues, mujer de moral distraída, así que le arrancaré los cables a tu coche para que no puedas salir de casa, y si eso no funciona te secuestraré, pero tú creerás que lo hago para protegerte porque te quiero tanto y no quiero que te pase nada."

* Muchas carencias escondidas: Robert Pattinson, Edward en la película, lo define muy bien en uns declaraciones a la revista Empire, en lo que probablemente sea la visión más acertada de un personaje por parte del actor que lo interpreta que se ha visto en mucho tiempo. No le darán un oscar por este papel, pero tiene más razón que un bendito:
"When you read the book," says Pattinson, looking appropriately pallid and interesting even without makeup, "it's like, 'Edward Cullen was so beautiful I creamed myself.' I mean, every line is like that. He's the most ridiculous person who's so amazing at everything. I think a lot of actors tried to play that aspect. I just couldn't do that. And the more I read the script, the more I hated this guy, so that's how I played him, as a manic-depressive who hates himself. Plus, he's a 108-year-old virgin so he's obviously got some issues there."

Mujeres del mundo, amémonos a nosotras mismas, y admiremos el pecho marmóreo e incandescente de Edward Cullen desde donde debe ser admirado: desde el otro lado de la valla de seguridad de la cubierta del libro.

martes, 25 de noviembre de 2008

A buen entendedor, pocas palabras bastan

Hace unos días llegó a mis oídos la iniciativa lingüística más noble, archifantástica y maravillosa de la que he oído hablar en mucho tiempo.

Se trata de añadir al Diccionario de la Real Academia Española la palabra "kincón". Como el agudo ojo del lector deducirá, el vocablo procede del nombre propio "King Kong", propio del gorila del mismo nombre, se entiende, que secuestraba a señoritas ligeras de ropa desde Fay Wray hasta Naomi Watts porque el Ammor nos lleva a hacer cosas desesperadas, como subirse al Chrysler Building y espantar cazas.

Si esto no es Ammor, que baje Petrarca y lo vea!

"Kincón", según sus promotores, significa "prendado de un amor imposible". ¿Cuándo fue la última vez que una palabra de nuestra lengua capturó tanto significado en tan pocas letras y con tanta poesía cinematográfica?

Desde "La ejecución del autor ha sido cancelada", insistimos en la importancia y necesidad de sumarse a esta causa. Apostemos hordas de partidarios del kincón en la puerta de Ana María Matute. Infiltremos agentes en las sesiones plenarias de la RAE (¿existe tal cosa?), con pancartas y megáfonos. Tuneemos todas las ediciones del DRAE que encontremos, añadiendo la palabra "kincón" con tinta indeleble y buena letra.

Unidos, todos podremos decir, pronto, "Estoy kincón".

¡Colabora con la causa!

sábado, 25 de octubre de 2008

Capítulo XXII: Me confieso épatada

Cómo se notan las rémoras del verano. Éste es el problema de éste país. Dos meses paralizados, ¿y luego se espera que volvamos viento en popa y a toda vela a la productividad de antaño? Total, que no hay ningún motivo por el que no haya actualizado en tantas semanas, más que la pura pachorra. Podría ser un poco más narrativa, y decir que me rompí las dos manos, o que me quedé temporalmente ciega, o amnésica, o que el FBI me prohibió el acceso a internet. Pero no. El verano me dejó demasiado vaga para semejantes fabulaciones.

Iba a volver por la puerta grande, prostituyéndome con otra entrada sobre Stephenie Meyer, porque las entradas que he escrito sobre "Crepúsculo" y mi subsecuentes embolias y úlceras estomacales son las que me han valido más comentarios. Y prometo que habrá tal entrada, sobre todo, teniendo en cuenta que el cinco de diciembre se estrena la película en España OMG y todavía no tengo a nadie que me acompañe. ¿Quién se apunta?, yo pongo las palomitas. Pero hoy he recibido una inoculación contra la mediocridad, y os voy a hablar del doctor que me la ha administrado.

Edmond Baudoin es un señor con cara de caricatura. Los dientes salidos, los ojillos ratoneros. Es pequeñín y flacucho, lleva un peinado horroroso y diría que la última vez que se fijó en la ropa que llevaba puesta, Marlon Brando aún estaba flaco.

Edmond Baudoin es también uno de los autores de cómic francófonos más conocidos y respetados hoy en día. Ha venido a Barcelona dentro del marco del festival Kosmopolis, que este año lleva el lema de "La juerga fiesta de la literatura", como si de repente todos fuéramos a ligar más por llevar un cubata en una mano y "La metamorfosis" de Kafka en la otra (lo digo porque como es cortito, pesa poco y es más fácil de llevar. Si soys muy de ir al gimnasio, igual os atrevéis con todos los tomos de "En busca del tiempo perdido", allá vosotros). El tema de su conferencia era "Cómic, música y literatura". Moderaba Pepe Gálvez, y por allí también estaba Juanjo Sarto, a quien me encuentro por todas partes y creo que, de tanto verme sin saber quién soy, le debo parecer una especie de niña fantasma de los cómics la mar de inquietante.

Total, que Baudoin es un señor un poco payaso. Se lo ha pasado pipa haciendo caras y moviendo las manos y siendo una especie de Marcel Marceau cruzado con Roberto Benigni, aunque hablando, y en francés. Él no ha venido a hablar de su libro, lo ha dicho al principio, y, de hecho, a "Piero" le ha dedicado no más que cinco o diez minutos, y lo mismo con "Le voyage" (aunque se ha marcado un par de bromas a propósito de los japoneses, que son quienes le encargaron el libro. Qué mala leche tienen estos franceses, hay que ver).

Lo que venía a decirnos es que el dibujo, cualquier proceso creativo por extensión, es una cuestión de Presencia, Tensión y Oposición. La oposición es uno de los motivos por los que prefiere el blanco y el negro en sus dibujos. No por cuestión de tópicos y el yin y el yang y qué sé yo, sino por motivos de pura física. El blanco refleja toda la luz, y el negro la absorbe. ¿Cómo se te queda el cuerpo, Fernandito?

¿Dónde entra la música en todo esto? El señor Baudoin explica que la línea, el trazo, tiene un ritmo, un sonido. Ha procedido a dibujar (con tinta china y pinceles de diversos grosores, más auténtico no se puede) una cara en el atril que tenía montado. Y ENTONCES NOS HA CANTADO EL DIBUJO.

Digamos... digamos que era éste dibujo:

Lo que ha pasado más o menos ha sido lo siguiente. El señor Baudoin ha cogido aire y ha dicho: "Brooooom, ¡fiu! ¡fiu!, plin, plin, plin, plin, plin, plin. ¡Splosh! Zuuuut", y así hasta cantar todo el dibujo que, para suerte suya, era bastante más sencillo que el que os he puesto yo. Era como para empezar a sacarle planchas de Milton Caniff o Hugo Pratt para que las cantara también. La línea modulada nunca me había parecido tan llena de posibilidades.

Luego ha dibujado otra cara, pero no le ha puesto pelo. Y entonces ha dicho: "Ahora le pondré pelo". Os juro que si llega a decir "Ahora empezará a llover dentro de esta habitación", yo le hubiera creído. Ha cogido un pincel mucho más gordo que el que había utilizado para dibujar la cara, y ha dicho: "Esto no es pelo, ¡es música!", y le ha puesto pelo a la cara. De verdad, ¿cómo se te queda el cuerpo, Fernandito? Y también ha dicho: "Esto es oposición. Y la vida sale de la oposición". Y: "La presencia significa cambiar de música."

Y luego también ha dicho que el primer plano es el lugar de las emociones (que es una cosa que a mí me enseñaron en la universidad), y que hoy en día, la televisión, internet y los teléfonos móviles son terreno de la emoción, y John Ford estaría bastante furiosito si viviera hoy en día.

Y luego también ha dicho que mirar al horizonte viene a ser como mirarse la nuca a uno mismo, por aquello de que la Tierra es redonda. ¿Aún estás ahí, Fernandito?

Total, que mañana va a hacer una performance con Carol Vanni. Y, por Tutatis, que allí estaré. Necesito otra dosis de magia.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Capítulo XXI: Señora, ¿su detergente lava blanco?



Permítanme, señoras y señores, que alegre su rentrée con un poco de publicidad. No será nada, sólo unos instantes de alegres promociones que les distraerán agradablemente de los fascículos "Construye tus propios submarinos de las Guerras Boer" y la colección de muñecas Peponas de polivinilo.

Se trata, como viene siendo la tónica en este remanso sopero de letras, de algo para leer. Algo distraído y ameno para rellenar la pausa del café, o para airear la mente después de cuadrar el balance de cuentas. Sí, queridos lectores, que no se enteren sus jefes, pero desde "La ejecución del autor ha sido cancelada" les invitamos a utilizar el ordenador en su puesto laboral para menesteres no relacionados con el trabajo. "La ejecución del autor ha sido cancelada" tiene la culpa de la crisis económica. "La ejecución del autor ha sido cancelada" es un blog sedicioso y maledicente. Que se enteren los rotativos y los programas de mañana de las televisiones privadas. Que vengan las unidades móviles y los helicópteros. Que vengan Iñaki Gabilondo y Matías Prats. Que venga Belén Esteban.

Vayamos al grano. Hoy llamo a su puerta para venderles "Los Brocados del alma" (TM), un delicioso y encantador folletín de la pluma de una servidora de ustedes que ha encandilado al mundo y tiene un dedicado club de fans de aproximadamente seis lectores. Sin embargo, en este caso, qué importa la cantidad cuando estos amorosos lectores hacen fanarts de mi obra, la disfrutan como si fuera suya y encima vienen a contármelo. Eso, señores, es bastante maravilloso.

"Los Brocados del Alma" (TM) nació como una forma de rellenar una sección regular en una revista digital sin que costara mucho esfuerzo y que pudiera hacerse rápidamente. Probablemente no sea la mejor forma de empezar una gran obra de la literatura mundial, pero oigan, a mí qué me cuentan, yo sólo quería escribir un rato. Pensé que el folletín era el género ideal, porque me permitiría ser frivolona y utilizar un lenguaje rimbombante con toda soltura. En el primer capítulo aparecen un porrón de sinónimos de la palabra "noble", la mayoría proporcionados por el siempre diligente Sr. D. de Sinónimos de Word, y me quedé tan ancha, mire usted.

Así apareció en escena la condesa Olivia vom Metzger, su marido, su doncella y su hija secreta, amén de otros muchos personajes a los que mi nutrida base de lectores han aprendido a amar y odiar. Esencialmente, es una historia cursi, contada de una forma cursi. Pero para gustos, colores, y sé de buena tinta que hay gente que la disfruta. Y si no les gusta, se aguantan, hombre, que es gratis, y de todo se aprende.

Con mi mejor sonrisa de teletienda, les anuncio además que ahora es un momento inmejorable para engancharse a "Los Brocados del alma" (TM). Ya hay once capítulos publicados, con lo cual tiene uno diversión para rato. El capítulo duodécimo aparecerá en breve. Y se aproxima una espectacular concatenación de acontecimientos con episodios tan apasionantes como una caída por un precipicio, una boda desmadrada, y un marinero pelirrojo. Ahí es nada.

Les enlazo directamente al Capítulo I, por si resulta que tienen un rato tonto. Gracias por su atención, y no dejen de regalarnos con su presencia.



lunes, 8 de septiembre de 2008

Capítulo XX: Horario de verano

La crisis se deja notar en todas partes, menos en mi biblioteca. Han de saber, queridos lectores, que soy incapaz de decirle que no a un libro.

Un bolso puede esperar. Me lo pensaré dos veces con el Par de Zapatos Más Maravilloso del Universo. Ese vestido tan mono ya lo compraré otro día.

Pero, ¿un libro? Los libros me hablan, damas y caballeros. Los libros me miran con ojitos llorosos y susurran con adorables vocecitas de pito "¿Por qué no me llevas a casa contigo? ¿Es que no me quieres?". ¿Y qué va a hacer un alma cándida como una servidora ante estas criaturas desoladas? ¡Me quieren! ¡Quieren que me los lleve a casa! ¡Dónde está mi monedero!

En exclusiva mundial, señoras y señores, Enigmática M vuelve a la carga confesando la vergonzante lista de cantos de sirena que me han hecho flaquear este verano ("verano", se darán cuenta, es la palabra operativa de esta lista):

~"Freakonomics" (Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner). Comprado en una librería de South Kensington, para poder hacerme la interesante en una cafetería. Es un libro entretenido, pero pensaba que aprendería más.

~"The man who mistook his wife for a hat" (Oliver Sacks). Comprada en un Waterstones cerca de la National Gallery. Cuenta como lectura universitaria, aunque ya haya terminado la carrera, y sólo se mencionara de pasada en un par de asignaturas, ¡já!

~"The suitcase kid & The Lottie Project" (Jacqueline Wilson). Ídem. ¿Hay algo mejor que un libro de Jacqueline Wilson? ¡Sí! ¡DOS libros de Jacqueline Wilson en uno!

~"Girls in tears" (Jacqueline Wilson). Comprado en un Waterstones cerca de Green Forest. Porque nunca puedo negarme a Jacqueline Wilson. Y ya me había leído los otros dos.

~"The last hero" (Terry Pratchett). Comprado en el aeropuerto de Heathrow. Porque nunca se pueden tener suficientes libros de Terry Pratchett, oh, sí.

~"Kiss" (Jacqueline Wilson). Ídem. Porque los libros de Jacqueline Wilson son para mí lo que Bella adoraklutz Swan es a Edward sparklepire Cullen. Para los no iniciados: como la heroína.

~"Breaking Dawn" (Stephenie Meyer). Comprado en la Fnac l'Illa. Sí, CLARO que tenía que comprarlo.

~"A cien millas de Manhattan" (Guillermo Fesser). Ídem. Me gusta Fesser, me gusta Manhattan, me gusta el número cien... ¿para qué decir más?

~"Botchan" (Natsume Sôseki). Íbidem. Leí recomendaciones de este libro por todas partes, y está bien, pero... pensaba que me gustaría más. Lo bueno es que es cortito.

~"The fifth Elephant" (Terry Pratchett). Comprado en el Hugendubel de Ulm (Alemania). A "The last hero" me remito.

~"Die Stadt der Träumenden Bücher" (Walter Moers). Ídem. Ya lo había leído, pero estaba en edición bolsillo, y fue muy convincente al lloriquear para que me lo llevara.

~"Love Lessons" (Jacqueline Wilson). Comprado en "The Lion Bookshop", en Roma. ¡Estaba a punto de acabar los dos libros que había traído conmigo! ¡Era absolutamente imprescindible comprarlo!

~"Nightwatch" (Terry Pratchett). Ídem. ¡La portada está basada en "La Ronda Nocturna" de Rembrandt! ¡Seguro que es un libro muy educativo!

~"Cahiers de Cinéma", edición Francesa julio/agosto. Comprada en un quiosco en el Campo di Fiori de Roma. Cuenta como libro porque me costó 6,80€, y sale Louis Garrel en la portada.


Y uno siempre, SIEMPRE aprovecha la
oportunidad de poner fotos de Louis Garrel.


¿Ya tiene todo el mundo la mochila nueva, y el estuche nuevo, y los cuadernos nuevos? ¿Sí? ¿Y os habéis forrado la carpeta con fotos de la Súper Pop? Muy bien, niños, sentaos en vuestros pupitres, llenos de garabatos que hicieron los vándalos que estaban en esta clase el año pasado y preparaos para el comienzo de un nuevo curso. Vamos a pasarlo bien.